De cabeza a la ilusión

Soñar no cuesta nada

Independiente lo dio vuelta agónicamente y sigue de fiesta. Perdía con Huracán en Avellaneda con un gol en contra de Gigliotti pero lo dio vuelta en el último tramo con un penal de Barco y un tanto agónico de Erviti, para mantenerse a ocho puntos de Boca al que tiene que visitar y de yapa el Rojo tiene un partido menos.

Todos alguna vez soñanamos con ganar un partido así. Épico. Sobre la hora con lluvia y con una noche que venía torcida con el gol en contra por mala fortuna de Gigliotti.

Pero éste equipo puede. Éste equipo quiere. Éste equipo lo logra. No se da por vencido ni aún vencido cuando no le encontraba la vuelta al partido.

La cosa empezó torcida en el primer tiempo a los 26 minutos, tras un córner desde la derecha y un disparo de Matías Fritzler, Martín Campaña dio rebote y Emmanuel Gigliotti convirtió en contra. Después, el equipo de Juan Azconzábal se dedicó a justificar su ventaja y podría haber aumentado si no fuera por las intervenciones de Campaña ante un tiro libre de Lucas Villalba y anticipando a Norberto Briasco. Una segunda intervención del arquero uruguayo impidió en el segundo tiempo el segundo del Globo.

Pero el Rojo está ahí. Vivo. Expectante. No se entrega y va, y va. Hoy con más deosrden que juego y con un poco de apresuramiento pero con la idea clara de no entregarse jamás.

Holan metió a Erviti por Nery Dominguez que había jugado bien. Suponíamos el cambio por el flojísimo Martinez, el laterla al que el propio Holan tuvo en Defensa. Tiempo más tarde lo sacó para que entre Meza. Modificó los extremos: mandó a Barco a la derecha y Rigoni por izquierda y primero el cordobés y después el pibe, desbordaban a los laterales.

Por una mano de Hugo Nervo, Ezequiel Barco tuvo en sus pies un penal que cambió por gol a los 35 con un disparo a la izquierda de Marcos Díaz. En el descuento, hubo polémica cuando la visita reclamó una mano en el área de Alan Franco, y las discusiones motivaron un nuevo minuto adicionado en el que, en definitiva, se finiquitó el pleito.

A los 49, el ingresado Lucas Albertengo se llevó la apresurada salida de Díaz por la izquierda y habilitó a otro ingresado, Walter Erviti, para que desatara la fiesta en el Libertadores de América.

Así, Independiente festejó un triunfo que parecía impensado para estirar a diez partidos su invicto en el torneo, mientras que Huracán quedó preso de la impotencia y adelgazando su promedio con dos caídas consecutivas.

El Rojo prendido, el Rojo está el la pelea. Para dar batalla y poder llegar a la Libertadores, el objetivo de mínima. Pero relojea para arriba, con un partido menos y teniendo que ir a la bombonera.

Total, soñar no cuesta nada

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