Central Ballester, de una canallada a la reivindicación

El rival del Independiente por Copa Argentina llega al partido más importante de su historia buscando identidad y sentido de pertenencia.

En tiempos en donde el capitalismo ha conquistado hasta las más profundas capas del espíritu deportivo y se ha llevado por delante al club como núcleo conglomerante dentro de una comunidad, el proceso de fundación y crecimiento de una institución puede transitar caminos ambiguos que confundan el rumbo.

Para el Club Social y Deportivo Central Ballester, sus primeros 44 años de vida vienen siendo de batallas en busca de su identidad.

Cuando en 1974 se cerraba el Club Atlético Central Argentino por las cuantiosas pérdidas que generaba, un grupo de socios decidió formar una nueva institución a cualquier costo.

Un favor fundado en la amistad entre el titular de aquella AFA y el presidente del nuevo “Central Ballester”, hizo que el flamante club tuviera su afiliación y pudiera, rápidamente, empezar a competir en Primera D. No tenía sede ni estadio, pero tenía la venia adecuada.

Transitó la liga con más traspiés que victorias durante 20 años. Siempre en la búsqueda del ascenso que le permitiera, por lo menos, apoyarse para crecer desde lo económico.

Para cuando llegó 1995, el entrenador Alejandro Brasi comenzó a analizar otras cuestiones además de las deportivas. Pensó que tenía material para finalmente pelear un ascenso, sin embargo, concluyó que la camiseta no les hacía justicia.

“Fui a Merlo y compré camisetas de Rosario Central” contó alguna vez el DT.

Con la publicidad, con todo. Una decisión que cambiaría sustancialmente el mundo de la institución. La idea de Brasi era generar un golpe anímico, en sus jugadores y en la imagen ante sus rivales.

Ganaron 13 partidos seguidos y consiguieron el ascenso a Primera C, siendo este su único logro deportivo.

Claro que en Rosario gustó poco el “homenaje”, aunque decidieron confraternizar y hasta proveer de indumentaria al nuevo “Canalla”.

El ascenso fue un imán en San Martín, partido al que pertenece Ballester. La gente del barrio se acercó, pero a los colores, porque aun sin estadio, hacían de local en la que cancha que podían.

Capitalizar el éxito fue la idea de la dirigencia, que pensó en transformar a Central Ballester en una institución que atienda las necesidades sociales de su zona. A pulmón, como se pueda, pero para fidelizar a los hinchas y forjar el sentido de pertenencia.

Así consiguieron luego de varios años, mediante un convenio con una empresa privada, un predio perteneciente al SEAMSE. Allí comenzaron la construcción y prevén inaugurarla a findes de este año, si APREVIDE lo permite.

Es esa noble empresa de involucrarse en la necesidad de los “suyos”, comisión directiva y jugadores empezaron a unirse a distintas causas.

Aquella historia de la camiseta robada podía tener un giro. Se decidió darle un lugar en el “manto sagrado” de Central Ballester a las reivindicaciones sociales.

Desde la comisión directiva nacieron los diseños de las camisetas con el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo, la consigna Ni Una Menos y el homenaje a los fusilados de José León Suárez de 1956.

“Nos dio la identidad como club identificarnos con cuestiones sociales” dijo Ezequiel Rodríguez, alguna vez enganche del equipo. “Nuestra camiseta reivindica a los que murieron en nombre de los ideales democráticos y en contra de la violencia institucional”.

Sus diseños trascendieron la categoría y al mismo fútbol.

Hoy venden sus camisetas por internet debido a la demanda de distintos lugares del país, lo que ayuda a sostener un club que tiene cerca de 150 socios con una cuota mensual que no supera los $200.

Este partido por 32avos de final de Copa Argentina ante Independiente es el partido más importante de la historia del club.

Obviamente, ya están a la venta la bufanda edición limitada del partido y la camiseta con los dos escudos.

 

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