REPERFILAR

Es difícil escaparle al contexto social que vive el país. Si hasta los Moyano andan abrazados a Alberto Fernández, con la camiseta de Independiente, como buscando que el ahora sea historia y el futuro empiece mañana. Y algo de eso pasa cuando juega el equipo de Sebastián Beccacece, que te obliga a mirar el horizonte, al otro lado del río, a buscar la luz al final del túnel, a esperar el segundo semestre, a pedir que adelanten las elecciones.

No hacía falta que llegara el gol de Patronato, en la tarde entrerriana, para comprender que Independiente no sabía por dónde encarar la búsqueda que el peso de su nombre lo obligaba a perseguir. Y ya no tenía que ver con los nombres, era el plan el problema. La manera, la estrategia y cómo ejecutarla.

Era obvia la desarticulación, si hasta Pablo Pérez no sabía si jugada de doble 5 o de volante interno, o si ambas cosas eran lo mismo. Rotaban los de arriba, cuando Blanco pasaba de extremo, y Pizzini se transformaba en el falso Benítez, o ambos eran lo mismo. Sin circulación, pero con la misma tozudez del primer tiempo en San Luis.

Cualquiera podría decir que el partido sería distinto al que se vio a mitad de semana, sin embargo, era igual. Porque el pase a octavos de final de Copa Argentina tuvo la misma justificación futbolística que esta derrota. Tiene razón Beccacece cuando dice que para él era un empate, si imaginamos que hace referencia a los dos partidos.

Ante los casi tres meses al frente del equipo, cuesta trabajo entender cómo el DT asegura que es solo tiempo lo que le falta al equipo. Porque justamente, va a contrapelo de sus declaraciones acerca de que prefiere formar un equipo que se adecúe a su plan de cada partido y no el “equipo de memoria”. ¿Qué formación o que nombres necesitan de tiempo?

El clima enrarecido que se vive en el mundo Independiente, no es responsabilidad pura y exclusivamente de Beccacece, aunque tiene buena parte de ella. Es también de los Moyano, que hace más de un año y medio le dieron las llaves del club a un entrenador que dilapidó lo poco que consiguió y enhebró una seguidilla de fracasos deportivos que parecen no tener un final.

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