#SíSePuede

No fue Caruso Lombardi, no fue Falcioni, tampoco Alfaro, mucho menos Zielinski. Fue Sebastián Beccacece, el elegido por vanguardista del fútbol total, el que se animó a salir a jugarle a Atlético de Tucumán con 5 defensores. Y en una paradoja futbolística, con una individualidad bien de potrero sin una pizca de tacticismo, Independiente se llevó una victoria que le sirve más a un entrenador agónico que a un plantel que a veces parece más rehén que comprometido.

Lo mostró en Ecuador, cuando salió con 5 defensores ante Independiente del Valle para jugar una serie a lo equipo chico. Lo anticipó el domingo pasado ante Lanús, cuando puso un doble cinco luego de que conseguir un gol de chiripa en un primer tiempo adverso.

La búsqueda de la victoria, sin darle importancia a la forma, está directamente emparentada con la forma que tiene el entrenador de pensar la competencia. Si la táctica puede variar de acuerdo al rival, si se prepara un partido pensando más en las características de los otros que en las propias, es difícil que el tan invocado “tiempo” que piden estos entrenadores tenga algo de sentido o valor. ¿Tiempo para qué? ¿Para que el equipo sepa cómo juega cada rival? ¿Tiempo para que el equipo pueda contrarrestar cualquier planteo?

La victoria de Independiente en la noche de Tucumán tiene mucho valor para el entrenador, pero muy poco para el hincha. Descomprime su situación estadística y quizás también puertas adentro, pero estos tres puntos son fruto de lo que el hincha más cuestiona de este proceso: el dejar de ser Independiente.

En vista de las decisiones tácticas y técnicas de estas semanas (con el sainete del abrazo incluido), Independiente tiene su suerte depositada en un entrenador totalmente convencido de que este es el camino, de que así #SíSePuede.

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