Con línea de tres, de cuatro, de cinco o hasta de seis. Con un sólo punta o con doble nueve. Con un volante central o con doble cinco. Independiente varía, modifica el esquema y los nombres pero algo se mantiene inalterable en lo que va del ciclo de Julio César Falcioni: juega mal.
Superado por varios de sus rivales, en varias ocasiones lo salvó la solidez defensiva y la jerarquía individual para poder imponerse. Este domingo en cambio, de local y contra un Atlético Tucumán remendado por varias bajas, no hubo milagro: el equipo de Omar De Felippe fue superior, le ganó con total justicia y el castigo para Independiente fue mayor porque hoy está afuera de los cuatro primeros de la tabla del Grupo B que se clasificarán a los cuartos de final de esta Copa de la Liga.
El gol fue una muestra de esa falencia del equipo de Falcioni cuando Atlético se hacía con la pelota. Un corner a favor del Rojo terminó con una contra letal del Decano con superioridad numérica. El cabezazo de Heredia al fondo del arco, tras una fallida salida previa del arquero Sosa, le puso justicia al resultado. Atlético, haciendo ancho el campo de juego y con buen juego interno por la buena circulación que aportaban Acosta, Heredia y Carrera más los apoyos de Toledo, lograba progresar ante un rival incapaz de ajustar y cerrar filas tanto en los pasillos centrales como en las bandas.
Encima, el pibe Velasco ingresó mal en el complemento y no pudo aportar su conocido desequilibrio para despabilar y motivar a un Independiente que mostró apenas algo de amor propio como principal argumento para intentar llegar al empate. Sin una idea sostenida y bien ejecutada, no hay sistema táctico, nombres ni milagros que valgan.
