Tiro libre y nada más

Mucho para decir, poco para destacar. Tarde-noche deslucida del Rojo en tierras venezolanas.
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Se notó al equipo cansado en el segundo tiempo, sin ideas para romper el cero y con poca claridad para lograr el objetivo durante todo el partido. Salió a «ver que pasa» como si fuera un trámite, pero nunca tuvo las armas para lograrlo ni un camino franco.

¿El rival? Ni siquiera de segunda línea. Bajísimo, al punto de ser inentendible como (en realidad gracias al nuevo e insólito formato de competencia) disputa la actual edición de Sudamericana. Esto no hace más que acentuar la crisis futbolística y anímica que atraviesan los dirigidos por Eduardo Domínguez.

Un tiro libre y nada más, de Domingo Blanco a los 67, fue lo que vimos tras 90 minutos. Un linda vaselina de Leandro Fernández, finalizando el partido, condecoró el resultado. ¿En el medio? Un sin fin de toques intrascendentes, pocos desequilibrios individuales, nula conexión en ataque naciente desde el mediocampo y, además, la habitual falta de sincronización en la defensa que pudo haber sufrido ante un equipo un poco más serio.

El equipo padece la falta de adaptación a la idea de Domínguez, a quien tampoco se le nota un concepto esclarecido, ni una formación fija ni juego alguno que lo lleve a repetir equipo fecha a fecha. Tampoco propone un estilo identitario que no puede plasmarse al cien por ciento, ni siquiera. Todo esto se traslada al campo partido a partido y se hace notar con transparencia.

Hoy el Rey de Copas se apoyó en sus individualidades: preciso, aunque no muy fuerte, disparo de tiro libre de Blanco por encima de la barrera para el 1-0. Delicada definición de Fernández de emboquillada en el ´90 para cerrar la historia, tras un regalo servido en bandeja de la última línea de La Guaira.

Con poco y nada, el Rojo se trajo los 3 puntos que sirven para no perderle pisada al primer puesto ocupado por Ceará.

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