Desde el inicio del torneo, al mando de Eduardo Domínguez, Lucas Romero habita en una nueva posición en la mitad de la cancha. Como una especie de segundo mediocampista central, parado a un costado de Gerónimo Poblete en el inicio y hoy de Iván Marcone.
Por momentos se lo ve más en el campo rival y con llegada a los 3/4 del ataque, aunque nunca sus cualidades y naturaleza lo ubicaron allí. Suele presionar más en la salida del rival y moverse por distintas partes de la cancha, como si no tuviese una posición fija. Sin ir más lejos, a los 20 segundos del pitazo inicial ante Central remató desde la puerta del área aprovechando un rebote.
En la tarde de ayer el mediocampo y la defensa pagaron un elevado precio ante la posición y el rol inentendible de Romero, oficiando como una especie de «doble 5», que nunca fue tal. El Perro a veces se alejaba de la salida por abajo y lo dejaba en manos de los centrales y laterales Rojos, subiendo a espaldas del 5 rival pero nunca pesó ni fue determinante en ninguna acción de juego asociado.
Por momentos salía a presionar la salida rival pero ocasionaba que Soñora y Pozzo estén anclados a sus marcas por los costados y que no pudieran proyectarse con facilidad en el ataque. Pozzo y Soñora tambien se movieron por el centro del campo en ocasiones, lo cual, sumado a la ubicación del 29, liberaba al lateral/mediocampista de Central por los costados en las proyecciones.
Es complicado de entender todo esto concluyendo que Independiente abusó del pelotazo alto a Ferreyra y el pase fuerte filtrado rompiendo líneas en búsqueda de Fernández. Se lo vio al ex Vélez desentenderse de la marca ante los contraataques del Guerrero delegándole la responsabilidad como 5 de posición a Marcone, con inferioridad numérica ya que Vigo siempre está en ataque y sufre por su costado al volver.
Es en parte, por todo esto y más, que Independiente queda mal parado en la mitad y genera que se rompa con facilidad la última línea, desesperada con que el rival no avance al arco de Sosa.
