Producto y consecuencia de la crisis institucional, económica y administrativa, el plano deportivo se ve ampliamente afectado en el día a día.
Refuerzos «medio pelo· y en consecuencia malos planteles sin recambio. Caprichos de los dirigentes, mánager y entrenadores de turno. Todo desembarca en un equipo que, éste año, demostró falta de identidad, trabajo y espíritu deportivo. Pésimos rendimientos colectivos e individuales, desencadenantes de resultados lamentables y por ende una campaña vergonzosa.
Independiente sacó 1 de los últimos 18 puntos en juego. Patronato y Platense con un doble 1-3 abajo y la derrota por la mínima en el Clásico fueron de la mano de Domínguez. El empate ante Central en 0 y las caídas ante Tucumán y Defensa por 1-2 completan la mala y pequeña racha desde el último partido ganado: 1-0 ante el mismo Decano por la Copa Argentina el 23 de junio, exactamente un mes.
Si ampliamos la campaña anual de los 32 compromisos que tuvo ganó solamente 10, perdió 12 y empató los 10 restantes. Misma cantidad de igualdades que de victorias, porcentaje bajísimo de puntos y los dos clásicos del año perdidos.
En el plano nacional se encuentra en la posición 24 de 28 equipos en el torneo con solo 2 partidos ganados de 10 y 6 derrotas. En la tabla general, clasificatoria a las Copas, está en la misma posición, a 9 puntos del último clasificado a la Sudamericana (Godoy Cruz con un partido menos) habiendo sacado 24 puntos en 24 partidos, es como si hubiese empatado todo lo que jugó desde febrero al día de la fecha.
Varios juveniles debutando, subidos como manotazo de ahogado a Primera, son victima también de un proceso acelerado y desesperado. La crisis es general e impacta en todos los aspectos. En el deportivo, mediante una campaña vergonzosa, sobre todo. Así como los últimos 3 años sin contar el presente.
