Fue el cuento perfecto para uno y la pesadilla más temida para el otro. El clásico histórico del 22 de diciembre de 1983; fecha que quedó grabada en la historia de Avellaneda.
Independiente llegaba a esa última jornada con ventaja sobre San Lorenzo, que había ascendido el año anterior, y Ferro. En cambio, Racing reflejaba la otra cara de la moneda. Justamente el descenso del Ciclón había alertado nuevamente a la AFA que decidió volver a implementar el sistema de promedios para determinar qué equipos bajaban a la segunda división. No querían que otro grande sufriera la pérdida de la categoría, pero la fórmula dio un resultado adverso.
El 18 de diciembre de 1983, Racing perdió 4 a 3 contra Racing de Córdoba y se selló su futuro. Se había ido al descanso con ventaja de 2 a 1 pero en la segunda parte los cordobeses dieron vuelta la historia y el Cilindro fue un Cabildo Abierto, los hinchas explotaron y el partido fue suspendido por Teodoro Nitti antes de su finalización. Con el resultado en suspenso había que esperar que el Tribunal de Disciplina diera su veredicto. Pero antes se debía jugar el clásico. Nada menos.
El Rojo por el título y Racing pretendía al menos aguarle la fiesta a su rival de siempre. «Nunca vi un clima tan especial. Era una fiesta para media Avellaneda y un funeral para la otra mitad», recordó tiempo después el Pato Pastoriza, artesano de ese equipo rojo que se coronó con 48 puntos, producto de 16 partidos ganados, con 16 empates y sólo cuatro derrotas.
Racing venía de hacer un auspiciosa campaña en el Nacional del 83 (quedó eliminado en cuartos de final contra Estudiantes), con buenas incorporaciones y aspiraciones a pelear el Metropolitano. Pero terminó antepenúltimo (perdió 17 partidos y sólo superó a River y Racing de Córdoba) y los promedios lo llevaron a la segunda categoría por primera vez en su historia.
Aquel 22 de diciembre se escribió la última página del cuento que fue perfecto para una mitad de Avellaneda y el más triste para la otra. En la Doble Visera, el local tenía la responsabilidad de salir a buscar el partido para no depender de la suerte de San Lorenzo y de Ferro y dar la vuelta olímpica. Recién a los 41 minutos de un trámite parejo y nervioso apareció Ricardo Bochini y lo invitó a Ricardo Giusti a abrir el marcador con un pase de lujo: 1 a 0. En el arranque del segundo tiempo Enzo Trossero, capitán del equipo, trepó por el centro y sacó un remate letal contra el palo izquierdo para liquidar el partido.
El clásico quedó grabado en la historia de ambos. Mientras el país empezaba a recorrer un nuevo camino.
