El Rojo no jugó a nada y perdió 3-0 en el Libertadores de América. Esteban Fernández y dos golazos de Lencioni le dieron el triunfo al Lobo, que quedó líder de la Zona A. Silbidos y bronca en Avellaneda.
El Rojo naufragó porque tuvo grietas por todos lados contra Gimnasia de Mendoza. Inconexo, no mostró peso ni presencia en la mitad de la cancha. Millán y Montiel no gravitaron en la generación de juego y tampoco auxiliaron a Marcone en la contención. A los volantes les ganaron la espalda y el equipo quedó muy desprotegido. Los laterales, Godoy y Zabala, no brindaron garantías. Y si bien el juvenil Arrayago fue ordenado, Lomónaco cayó en la confusión general. Así, Independiente jugó muy abierto frente a un adversario que supo sacar provecho de cada error y que se filtró por cada fisura.
Independiente, que en el primer tiempo intentó atacar mediante Gutiérrez y Palais, sus extremos, se desdibujó completamente después del gol de Esteban Fernández tras una falla de Godoy. Los dos golazos de Lencioni, producto de zurdazos precisos y violentos desde afuera del área, expusieron el caos que es el Rojo en todos los aspectos. Porque la crisis futbolística es consecuencia de la dirigencial, de la económica, de la falta de liderazgos, de la ausencia de una línea, de la carencia de una idea que alumbre el camino. Independiente, que el viernes pasado transfirió a su goleador, Gabriel Ávalos, a cambio de la cancelación de algunas deudas, tuvo que salir a la cancha con un juvenil como centrodelantero: Felipe Tempone. La enorme responsabilidad de convertir goles recayó sobre un futbolista que carece del capital de la experiencia.
