PARE DE SUFRIR

Incontables pueden ser las razones por las que un planeamiento táctico no se pueda ejecutar correctamente en un partido, por sobre todo cuando la altura sobre el nivel del mar es un factor presente.  Sin embargo, algunas veces las condiciones se alteran de forma beneficiosa y también, así como en las malas, demanda una lectura rápida que pueda capitalizar la ventaja.

En la altura de Quito, Independiente tuvo de todas. Tuvo que rearmar la parte ofensiva, por el cambio obligado de Cecilio Domínguez, y poquitos minutos después recibió un gol que le empardó la serie.

Y pesar de la desventaja, a los 25 minutos el rival se quedó con uno menos. Es cierto, en la altura y con un equipo envalentonado por haber empatado la serie.

Pero desde el inicio no había sido futbolísticamente superior la Universidad Católica. Solo había tomado lo que el planteamiento defensivo o especulativo de Beccacece le había otorgado. Por las razones que mejor haya considerado el entrenador, el equipo convivió durante la primera mitad del primer tiempo en sus últimos 30 metros.

Fue la expulsión de De los Santos la que lo obligó a pararse 20 metros más adelante, porque sin quererlo tenía la pelota, por superioridad numérica, asomaba sin tantas intenciones de ser protagonista.  Pudo enderezar la etapa, hasta pudo empatar si Benítez hubiera estado preparado técnicamente para pegarle de zurda. Pero el equipo se fue al entretiempo casi sin saber cómo cambiar el plan con un hombre de más.

Para la segunda etapa la línea de 5 se hizo un poco más flexible, pero continuó aferrada a la posibilidad de que podía sufrir en cualquier momento, sea por la altura o por alguna de esas otras cuestiones que pasan cuando no se apunta a la tenencia.

Así, con un equipo largo, Independiente llegó al empate, y también a tomar la ventaja con el gol de Hernández. Es que los defensores defendían y los volantes-delanteros atacaban, sin transiciones, sin subidas de los laterales, sin sorpresas.

Y seguramente haya sido la altura el factor determinante para que Independiente termine sufriendo y perdiendo. Y seguramente la táctica fue acertada porque, en definitiva, se consiguió el objetivo.

Sin embargo, la incertidumbre ronda en la decisión del entrenador de haber encarado este encuentro de forma defensiva, sin ser un equipo protagonista y recibiendo ataques de ambos costados desde el minuto 1 hasta el minuto 90, con un rival con 10 jugadores. Porque la tenencia hubiese sido quizás una respuesta al ahogo lógico de tantos metros sobre el mar, principalmente porque la Universidad Católica se mostró como un equipo menor cava vez que el Rojo proponía.

Pasó Independiente y eso, por ahora, alcanza. Que sirva para nutrir la confianza en jugadores y cuerpo técnico para empezar a plantar a Independiente como el equipo que económica, histórica y deportivamente es.

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